La tierra
“La tierra no es nuestra, nosotros somos de la tierra”
La tierra que nos recibió para este proyecto fue formada por un escurrimiento de lava del volcán Suchío y está rodeada por las montañas de la Sierra del Tepozteco y Quetzalcóatl de Amatlán.
Es un terreno de 9 mil metros.
Cuando llegamos al terreno encontramos un ecosistema lastimado intentando recuperarse, por lo que asignamos dos mil metros como zona de conservación así como áreas exclusivas para flora nativa.
Apreciamos profundamente lo que hemos recibido de esta tierra y deseamos que otros tengan la oportunidad de nutrirse por su poderosa energía sanadora.
Estamos en contacto con los elementos y la naturaleza, a quienes consideramos entidades vivas.
Honramos la sabiduría ancestral de la tierra y sus habitantes.



Reconocemos que la naturaleza está viva, tiene sabiduría y resuena con nuestra propia energía. Por eso nuestro trabajo con el lugar, desde su adquisición hasta el diseño, ha contemplado el escuchar lo que el entorno expresa y permite.
Investigamos cómo se formó este terreno y su vínculo con el Suchío, uno de los volcanes del Sistema Chichinautzin, con el que hemos establecido una profunda liga a través de visitas y ofrendas. Todo esto ha permitido profundizar nuestro aprecio por la tierra, nuestro agradecimiento por lo que nos ha dado y nuestro deseo de compartir la oportunidad a otros para que se nutran de esta poderosa energía sanadora.